viernes, 15 de junio de 2012

HABLAR Y COMER: DE PLATÓN AL MACDONALDS

COMER, HABLAR Y LA CIVILIZACIÓN
¿De qué hablamos cuando comemos en compañía?. Si es que hablamos: hay comidas monográficos, y de otros presididos por el aparato de la televisión. Comidas sin alma, en que sólo ingerimos alimentos y no nos alimentamos espiritualmente. "Hablar en convite debe ser de risas o de materias placenteras que a nadie ofenden, y de cosas agradables que no tocan ninguno en especial" (Francesc Eiximenis, Cómo usar bien de beber y comer, siglo XIV; el primer manual europeo en su género. Obra fundamental, aún no traducida al español). El sabio consejero de la ciudad de València, profesor en diversas universidades europeas y figura capital de la cultura catalana de todos los tempos, además, da unas normas muy actuales sobre los temas de que se puede hablar y de los que no: no hay que aludir las mujeres, ni verter las críticas a los ausentes, hablar de enfermedades las enfermedades y "cosas feas", de política ...
La liturgia de la comida es una parte muy importante de la historia de las sociedades que, sin embargo, al afectar la comida, no ha sido valorada como hay en el mundo académico. Y dentro de esta liturgia, desde los tiempos clásicos, tenemos la gran institución llamada tertulia, llamada también sobremesa o, en palabras populares de Josep Pla, el momento del "café, copa y puro". Para los griegos clásicos y los romanos ese momento tenía tanta importancia que era llamado con una palabra sabia y filosófica, Symposion (simposio): era el momento, una vez se había comido, en la que se servía el vino y se hablaba de lo divino y de lo humano. Por eso algunas de las obras cumbre de la filosofía se llaman Symposion (“El banquete”: Platón, etc.).

Esta herencia clásica no es gratuita: en otras culturas no existe ni la palabra ni el acto de la sobremesa: estas palabras no existen, por ejemplo, en alemán, ni mucho menos en chino. Entre los anglosajones, hablar en la mesa es un momento improductivo, y para los chinos es casi obsceno. De hecho estas costumbre la encontramos prácticamente sólo en el Mediterráneo, donde nos reunimos para hablar con la excusa de comer ... O creemos que la comida, sin la celebración del diálogo, la conversación, la discusión, no vale la pena.
En todos los casos, las diversas cocinas, en la mesa, se expresan a través de normas que explican muchas cosas de la manera de ser de una colectividad ya que, justamente, cambian según de qué sociedad estamos hablando. De las más expansivas en las más contenidas, de las más familiares a las más formales-como los ingleses-, de los que cantan o de quienes dicen-como mi abuela-"quien rie en la mesa y canta en la cama no tiene la cordura muy viva” (qui riu a taula i canta al llit, no té el seny gaire eixerit”). O al revés, según se mire.

No es extraño que el filósofo Castiglione dijera que "la mesa es un mundo, la mesa es todo el mundo". Dice J. Cruz Cruz, especialista en temas alimentarios: "comer en compañía es el fenómeno por el que el hombre trasciende la animalidad”: su Necesidad biológica de comer no se satisface de manera puramente biológica. Y, aunque añade: “la comida en la mesa festeja de nuestro ser de hombres en común ". Cuando estamos al mcadònalds, somos humanos?.